"Corte al tren propiamente dicho, y al ensordecedor ruido de las ruedas mientras giran vertiginosas a lo largo de las vías. Nos vemos precipitados al futuro.
Momentos después nos encontramos en el interior de uno de los vagones. Noriko va sola, con la mirada perdida en el vacío, pensando en algo. Transcurren unos segundos, y entonces coge del regazo el reloj de su suegra. Abre la tapa, y de pronto oímos la manecilla pequeña haciendo tictac en torno a la esfera. Noriko examina el reloj, la expresión de su rostro a la vez triste y contemplativa, y mientras la vemos con el reloj en la palma de la mano, tenemos la impresión de contemplar el tiempo mismo, el tiempo que se acelera al ritmo del tren, impulsándonos hacia una vida más plena, pero también el tiempo como pasado, el pasado de la suegra muerta, el de Noriko, el pasado que vive en el presente, el que trasladamos con nosotros al futuro.
Resuena en nuestros oídos el estridente silbido del tren, un ruido cruel y desgarrador. La vida es decepcionante, ¿verdad?
Quiero que seas feliz.
Y entonces la escena concluye bruscamente."
Una escena de Ozu narrada por Paul Auster, un fragmento literal de un gran libro.
Siempre defendí que no existe mejor regalo que el que uno hace con sus propias manos. Me equivoqué. Este fragmento es como aquellos zapatos viejos que te trae alguien porque no le valen y derepente te quedan como un guante. Es como la más deliciosa de las coincidencias, no habría escrito nada con lo que pudiera expresar ese pedazo que ahí va, por la ventana.
lunes, 5 de julio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
La petite mort.
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace. Eduardo Galeano.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace. Eduardo Galeano.
viernes, 25 de junio de 2010
[!]
La luna que ilumina mis noches es grande y redonda como las posaderas de un gran vaso sin pudor, mostrándonoslo todo. Está perfectamente sujeta allí arriba, os lo aseguro, como un botón de plata bien cosido a mi camiseta de dormir favorita, la más oscura.
domingo, 16 de mayo de 2010
Siemprevivas.
Es justo como me temía, ¡no estarás sola!.Nadie mencionó el frío intenso, el de por las noches, vacías, ni mucho menos las pesadillas. Los dolores de cabeza, la sensación de profunda soledad. Nadie habló de los delirios como este, a causa del miedo. El miedo a perderme en un laberito infinito de enredos y errores.
Nadie mencionó que cuando estuviera hasta el cuello sólo me quedaría ahogarme. Nada de los escalofríos inesperados ni del llanto que te coge por sorpresa, en cualquier sitio, dejándote a la interperie.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Mis pareceres acerca del mundo.
Quizás lo de "acerca del mundo" se me quedó grande. A mi mundo por lo tanto me refiero, egocentrismo o terapia, no muy lejos lo uno de lo otro. Mis pareceres acerca de esta vida y este mundo (véase aclaración anterior) son un montón, aunque no tantos. Mi definición de las circunstancias en este preciso instante es la siguiente:
Para empezar me juzgo y me encuentro definida en un par de buenos defectos, lo hago desde hace algún tiempo. Me arranco varios dientes de leche al día, cuando ya se tambalean y me invitan, de un buen tirón. Duele, al principio, pero luego reconforta. Dejo un hueco que tardará en rellenarse.
Me río, a partes iguales, de cosas que jamás me habían hecho gracia. Tengo una comunicación mucha más linda con todo mi cuerpo. Me oigo en los deditos de los pies, resueno en todas partes.
Pienso el triple, ando el triple, me revuelco el triple en el suelo. Me regodeo en los comentarios fáciles, crueles y cariñosos en igual proporción. Me entusiasman los leves rayos de sol, las caprichosas formas que toman las nubes justo cuando no miro.
Mi parecer ante el mundo ha cambiado en general, empezando por crecer. Me brotan hierbajos de las orejas hacia dentro, tocándome la fibra sensible. Brotan las flores por todos sitios, me empañan la vista, sonrojan las calles.
Maduro pero al revés, agarrándome más a las ramas, yéndome por ellas arriba, bien alto.
Tengo el triple de miedos y dudas. Vértigo.
Mi parecer acerca de todo ello es que lo escribo, porque me encanta. Me emborrono y castigo pero me regodeo hasta un punto inimaginable.
El mundo es, a mi parecer, en este instante, magníficamente grande como entelequicamente mi visión de las cosas y así firmemente lo creo.
Ahora todo me parece mucho más... ¿pensable? que no comprensible.
Lejos de traicionarme me reinvento y construyo, con cierto desorden pero con todo el empeño.
sábado, 6 de febrero de 2010
Silencio atronador.
A veces piensas tanto y tanto. Te quedas sólo. Se te caen las cosas de las manos. Viento y escalofrío. Cohibido el llanto. Se rompe en mil pequeños pedacitos.
martes, 26 de enero de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
Ups"
La vida... ¿pequeñita?, no. No pequeña en el sentido de corta, más bien estrecha. Estrecha entre dos paredes demasiado pegadas, quiero decir. Con ojos ¿diminutos? marrones, azules o verdes. Por supuesto no en tamaño sino... en otra cosa. El aire ¿corto?, sí. Sin duda el aire se queda corto cuando de respirar de verdad se trata. Una mente ¿inmensa?, inmensamente difusa, en lo que todo se pierde. Una sola cosa descubierta en lo que poder nadar y no viceversa. Tú.
lunes, 4 de enero de 2010
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