La
palabra definitiva es casi una falta de respeto al devenir de las cosas
hermosas. Como tú. Existe el cambio, el movimiento, los aviones y por
consiguiente la energía cinética, potencial, las inquietudes y los parapentes.
Sin embargo algo es seguro, nada de ello va a quedarse nunca quietito
esperándonos. Y eso en su esencia mal no está, el problema es el escenario, la
parte estática, las pistas de despegue, el punto del que se tiran los
parapentes, el papel donde resuelvo mis problemas de física, esas cosas... lo
que se queda viendo cómo te alejas.
Lo que te quiero decir es que… Donde ayer
había un pozo hoy puede que haya una tapia o quizás un jarrón de piedra
desproporcionado y bajo tierra del que brotan matojos y arbustos. No deja de
ser hermoso, siempre y cuando mantengas viva su grandeza.
¿Ves por dónde voy verdad? El adiós se me
antoja contigo casi una palabrota y donde ayer hubo un pequeño prado verde de
ensueño rodeado de edificios blancos somníferos puede que mañana haya un
recuerdo inolvidable y para hacer una excepción, tan intangible como
definitivo.
Te voy a echar de menos.

