miércoles, 5 de febrero de 2014

            La vida se ríe de mí. Soy débil. Lo quiero y él me quiere, pero menos. Y cuando se aleja y lo pierdo de vista al cruzar la esquina, soy incapaz de seguir andado. Me siento y lloro y me auto-compadezco. Y él vuelve y me dice, -sólo fue un momento y casi sin darme cuenta pero ya estoy aquí- y yo me olvido. Del desamparo y el desconsuelo y sobretodo de la profunda soledad, lo dejo todo en el suelo como una caquita de perro ilegal y poco cívica. 
- Haz de tripas corazón y recógela- ya sé que está caliente, que huele mal, que es una puta mierda pero... -¡Recógela!
No te das cuenta de que el fantasma de tus cobardías te sigue, cual Jansel y Gretel, guiado por las miguitas que le dejas.  







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